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A nadie le importa la ideología de género

Saúl Justino Prieto Mendoza analiza por qué es relevante garantizar el respeto a la identidad de género autopercibida

¿Por qué es tan preocupante para algunas personas el género, la identidad o la orientación sexual? Con esta pregunta rectora trataré de abundar en la cuestión de la identidad de género abordada de manera superficial en la columna acerca de la iniciativa de reforma sobre identidad de género autopercibida.

Las nuevas ideologías resquebrajaron la concepción tradicional del género (construido socialmente) y el sexo (biológico) asignado al nacer. El hecho de ser hombre o mujer no es suficiente para definirnos socialmente, ya que se percibe como una etiqueta impuesta.

La preferencia u orientación social se ha convertido en un factor determinante de nuestra forma de vivir, los derechos u obligaciones que se tengan y las interacciones con el entorno o lo otro.

Los que promueven reformas como la mencionada al inicio, inicialmente, buscan garantizar su derecho a la identidad, y no someterse a una imposición al nacer que influye en el desarrollo de su personalidad y la relación con la sociedad. Además, el reconocimiento institucional u oficial podría generar un efecto expansivo que permita visualizar el género más allá del binarismo sexual.

La personalidad jurídica que se gana es un reconocimiento oficial y, por ejemplo, una protección ante delitos causados por el odio, o evitar confusiones en trámites y servicios que requieran una claridad en la identidad de las personas. 

Independientemente de lo anterior, el género o la identidad relacionada a la sexualidad no debería generar derechos diferenciados, sin embargo, sucede así justificadamente. 

Según la perspectiva de los antiderechos (el uso del masculino es a propósito), los grupos que definen las cuestiones de género buscan tener más derechos que otros o quieren “valer más”, lo cual es una falacia total. Los hombres cisgénero (quienes se identifican con su sexo asignado al nacer) jamás han sufrido el nivel de vejaciones y agresiones que padecen mujeres o la comunidad LGBTIQ+ por su género. 

La violencia de género o los feminicidios, por ejemplo, surgió como una forma de atender de manera justa las agresiones contra las mujeres, pero enfrenta una reticencia de los grupos patriarcales que ven en el concepto una agresión a su dignidad proclamando que “a los hombres también los violentan”. 

Precisamente por esta violencia, las mujeres necesitan niveles de protección extra, a las que podría tener un hombre heterosexual o cisgénero que, mayoritariamente, son los promotores y ejecutores de la violencia. 

“Hola, mi nombre es tal y mi género es tal

En una conversación cotidiana suena ridículo presentarse indicando el género con el que uno se identifica, pero en términos reales sí representa una distinción, ¿a qué se deberá?

Para responder, vale la pena preguntarnos sobre las ideas y conceptos que formamos para creer que el género, la identidad o la orientación sexual determina cómo tratamos a los demás. 

De hecho, las palabras despectivas que se usan para referirse a personas no binarias (que no se identifican como hombre o mujer) están construidas sobre metáforas morales; es decir palabras que tienen otro significado, pero, por similitud, sirven para referirse a otra cosa que aprendimos en base a prejuicios heredados. Por consiguiente, pueden ser rebatidas, repensadas, reconformadas y hasta reconstruidas, como explica el filósofo-matemático Emmánuel Lizcano. 

Mientras no existan nuevas metáforas que sustituyan a las anteriores, se seguirá optando por las metáforas convencionales que mantendrán su dominancia a pesar de la incertidumbre que las rodee. Las nuevas metáforas no son lo suficientemente convencionales aún para ser aceptadas y transformarse en una convencionalidad.

Una forma institucional de generar un acuerdo en el concepto proviene la Corte Interamericana de Derechos Humanos que utiliza el término “trans” como una categoría paraguas para incluir toda identidad o expresión de género diferente a la asociada con el sexo asignado al nacer; la identidad es diferente a la orientación sexual. 

Pero también hay personas que tampoco se identifican a sí mismas como “trans”, ni con ninguna de las categorías identitarias que suelen incluirse bajo ese término paraguas; de allí que el nombramiento de “personas no binarias” o queer.

Puede parecer que el tiempo es el principal factor que determina la crisis, renovación y consolidación de las nuevas metáforas relacionadas a la identidad sexual y de género, pero se tiene décadas discutiendo y no ha terminado por ser aceptado social, política y hasta académicamente. 

Solo este punto permite detectar la carencia de acuerdos que jamás se consolidarán mientras en las discusiones no se incluyan a todos los involucrados, tanto a favor como en contra. Al final, la exclusión de quienes promueven prejuicios de género mantiene la existencia de violentadores, porque desde ahí provienen, y una solución de fondo debería incluir a todas, todos y todes. 

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Saúl Justino Prieto Mendoza

Me especializo en el mundo del UX Design y medios de comunicación digitales. Me encanta innovar y reinventar las formas de transmisión y de conexión con usuarios y la audiencia. Soy doctorante en Gestión de Paz y Prevención de Violencias por la Universidad de Guadalajara, lo cual me ha pemitido observar el fondo de problemas sociales vigentes.

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