¡Adiós, Oberliga! El futbol que se perdió en la reunificación de Alemania
Este mes se cumplen 35 años de la reunificación de Alemania tras la división del país luego de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo era el futbol en la parte comunista de ese país? Lo repasamos en este texto.
La película “¡Adiós, Lenin!” (2003) cuenta la historia de Christine, una madre comunista que cae en coma por ocho meses y al despertar, su querida República Democrática Alemana (RDA) no existía más: el Muro de Berlín cayó y los alemanes se unían nuevamente en una sola bandera. Hagamos un ejercicio similar en esta columna: ¿Qué habría pasado si fuese un aficionado al futbol el que cae en coma antes de la caída del muro y se despierta más de 35 años después?
Llamémosle Thomas. Ve partidos de la Oberliga, el campeonato de futbol de clubes que jugaban los alemanes del Este. Solo ha visto una vez a su país en una Copa del Mundo. Quizá tenga por allí un póster de Jürgen Sparwasser, ingeniero mecánico que en 1974 marcó el gol con que Alemania Oriental sorprendió a Alemania Occidental en el mundial que se celebró en la parte capitalista del Muro.
Pero los occidentales terminarían ganando su segunda Copa del Mundo ante Holanda, la famosa “Naranja Mecánica” que transformó el futbol moderno a los mandos de Johan Cruyff. En contraparte, los alemanes comunistas solo jugaron ese Mundial.
Pero Thomas está orgulloso de los éxitos de su país en Juegos Olímpicos. Como eran futbolistas amateurs (no recibían un sueldo por jugar), Alemania Oriental pudo llevar a sus mejores elementos al torneo masculino y ganó cuatro medallas: oro en Montreal 1976, plata en Moscú 1980 y dos bronces en Tokio 1964 y Múnich 1972.
Esos logros eran parte de la maquinaria estatal que en 20 años logró 519 medallas tanto en las Olimpiadas de verano como las de invierno, pero con la horrible mancha de la trampa: más de 15 mil atletas fueron víctimas de dopaje forzoso por el régimen totalitario que se hacía llamar “Democrático”, con consecuencias desastrosas para su salud: cirrosis, cáncer, esterilidad o mujeres con cuerpos de hombre por excesivas inyecciones de testosterona. Thomas no lo sabe: la sombra de la censura es alargada.
Quizá Thomas sea aficionado del Magdeburgo, único club de la RDA en ganar un trofeo europeo: la extinta Recopa de Europa, entonces el segundo trofeo más importante del continente, al poderoso AC Milán de Italia en 1974. Quizá sea hincha del Lokomotive Leipzig, refundado por trabajadores ferrocarrileros; o del Energie Cottbus, originalmente fundado por mineros del carbón y club del que es aficionada una mujer del Este que sería canciller de la Alemania reunificada durante gran parte del Siglo XXI, así como una figura política de relevancia a nivel mundial: Angela Merkel.
O tal vez por miedo, Thomas sea un aficionado al Dínamo de Berlín, el equipo que ganó 10 ligas seguidas entre 1979 y 1988 por ser el equipo de la Stasi, la policía secreta de la Alemania del Este que detenía torturaba y mataba a los disidentes que huían a Occidente. Erich Mielke, jefe de la Stasi desde 1957 hasta 1989, era aficionado al futbol y ordenó que los mejores jugadores del país fueran fichados por su club y presionó a los árbitros para que le pitaran a favor.
Por supuesto, incrementó la vigilancia a su propio club para evitar que sus jugadores huyeran a la Alemania Federal. Algunos lo lograron (Falko Götz y Dirk Schlegel en 1983), otros murieron de forma trágica como Lutz Eigendorf, el “Beckenbauer del Este” que escapó en 1979 y sufrió represalias inimaginables: un agente de la Stasi enamoró a la esposa de Lutz y ella se divorció, y cuatro años después la policía secreta provocó la muerte del defensa central en un choque automovilístico, modificando la escena del crimen para que pareciera un fallecimiento por exceso de alcohol.
Antes del coma, Thomas estaba siguiendo una nueva temporada de la Oberliga, sin saber que la 1990-1991 sería la última edición. Tiene confianza en que la nueva generación de futbolistas encabezados por Matthias Sammer (mediocentro del Dínamo Dresde que luego ganó el Balón de Oro en 1996) y Ulf Kirsten (quien después marcó más de 180 goles en el Bayer Leverkusen) clasifiquen a Alemania Oriental al Mundial de Estados Unidos 1994, aunque no sabe si habrá boicot del Gobierno de la RDA al enemigo capitalista, como pasó en las Olimpiadas de Los Ángeles 1984. Pero más de 35 años después, no hay Alemania del Este y sí un nuevo panorama deportivo que no beneficiará a su ya difunta patria.
¿Cómo reaccionará cuando vea que ninguno de los clubes de la Oberliga juega hoy en la Bundesliga alemana? (el Unión Berlín, club de los disidentes a la Stasi y su favorecido club, jugaba en la Segunda División de la RDA en ese momento). ¿Cómo encajará el hecho de que muchos aficionados de los clubes de la Oberliga se ultraderechizaron al punto de conformar grupos neonazis y con consignas racistas, como le pasó al Hansa Rostock o al Dínamo Dresde? (los extremos sí se tocan).
Hoy la mayoría de los clubes comunistas están desperdigados en las categorías inferiores del futbol alemán, y el resto desapareció. Ironías del tiempo, el club más poderoso de la extinta Alemania Oriental es el RB Leipzig, fundado en 2009 y odiado por el resto de los alemanes por ser propiedad única de Red Bull, empresa multinacional de bebidas energéticas, a diferencia del modelo general de gestión de clubes con mayoría de participación de sus aficionados.
Cuando despierte del coma, ¿Thomas extrañará el balompié con el que creció? Posiblemente no. La Bundesliga de hoy es más competitiva, entretenida y con mejor futbol. Quizá tampoco extrañará la opresión y la falta de libertades de su antiguo país. Pero sin dudas estaría tan desorientado y aturdido como la actual población del Este: apenas el 23% de los alemanes de esta zona siente que su país es realmente una sola nación con los occidentales, debido a que siguen teniendo sueldos más bajos y una economía más débil que la antigua Alemania Federal.
A 35 años de la reunificación oficial del país europeo, hay más muros por caer que el de Berlín y pasarán muchas décadas para que los clubes sobrevivientes del Este se equiparen con sus contrapartes occidentales, aunque en la región sigan naciendo futbolistas alemanes históricos como Michael Ballack o Toni Kroos.
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