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El héroe olvidado

A 30 años de ganar el juicio que transformó los fichajes y el balompié en su totalidad, conoce la historia de Jean-Marc Bosman, el exfutbolista belga cuya lucha enriqueció a los jugadores y a varios clubes europeos, pero que terminó vetado del futbol y preso de sus problemas personales

Con la cara envejecida y abotargada por el alcohol, y una mirada triste por sus múltiples depresiones, un hombre calvo y divorciado de 61 años lucha contra sus demonios personales. En 2013 fue sentenciado a un año de cárcel por un episodio de violencia doméstica contra su novia de ese momento en noviembre de 2011: le pidieron acudir a terapia y controles de sangre para no estar tras las rejas, pero recayó en la bebida.

Su nombre es Jean-Marc y vive en Lieja, una ciudad de Bélgica. Ya cobró todos los seguros gubernamentales de desempleo, su exesposa le pone trabas para ver a su hija y pasa el tiempo libre con el recuerdo roto de la juventud, cuando era considerado una de las mayores promesas del futbol de su país. Pero en 1990, cuando tenía 24 años y ya daba indicios de que no sería el nuevo Enzo Scifo (jugador histórico de Bélgica), su equipo, el RFC Lieja, lo puso en una situación que consideró intolerable: renovar su contrato con un salario 75% más bajo del que tenía.

El joven mediocampista rechazó la oferta, ya que quería firmar con el Dunkerque de la segunda división de Francia. Pero el RFC Lieja exigió 700 mil dólares para dejarlo ir y los franceses rechazaron hacer ese pago. Jean-Marc no entendió por qué no podía cambiar de trabajo al finalizar el contrato vigente con su equipo. Entonces, tomó la decisión que cambió su vida para siempre: demandó al RFC Lieja, la Federación de futbol belga y a la UEFA ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (UE), al alegar que las tres asociaciones deportivas violaban su derecho a trabajar libremente dentro de los países de la UE.

La batalla jurídica que pensó que tardaría dos semanas finalizó cinco años después, pero el fallo favoreció a Jean-Marc: el 15 de diciembre de 1995, el Tribunal Europeo consideró ilegales las indemnizaciones por traspaso -los 700 mil dólares que exigía el RFC Lieja para dejarlo ir- y sentenció la libre circulación de los futbolistas europeos y/o con pasaporte europeo en los países de la UE. Esto significaba, por ejemplo, que los futbolistas neerlandeses, italianos o franceses que jugaban en la Liga de España ya no podían ser considerados como extranjeros: en aquella época, las principales ligas del Viejo Continente tenían un cupo limitado de futbolistas foráneos por el miedo de que esto impactara en las selecciones nacionales.

Pero la victoria en los tribunales significó la derrota de Jean-Marc para el resto de su vida. Los clubes europeos profesionales lo vetaron y no volvió a jugar más que en categorías amateurs. Aunque le dieron una indemnización de unos 350 mil dólares actuales (6.3 millones de pesos) los dilapidó en los costos legales, sus adicciones y malas inversiones. Vendió una casa y un auto de lujo para pagar deudas e impuestos, volvió al hogar de sus padres y se acondicionó un cuarto en la cochera.

Sin embargo, gracias a la lucha legal de este hombre desempleado en el umbral de la vejez, existe el futbol moderno como hoy lo conocemos. La liberación de las restricciones en los fichajes de extranjeros ocasionó que los grandes equipos de las ligas europeas con más dinero (Inglaterra, Italia, España) se llenaran de figuras internacionales de muchos países. Aumentaron los montos de los fichajes, los salarios de las superestrellas del balompié y el costo de los derechos de transmisión de las principales competencias, incluyendo la Copa Mundial de la FIFA. La globalidad y riqueza de clubes como Real Madrid, Manchester United o Barcelona, o el éxito mundial de torneos como la UEFA Champions League, no se entienden sin los grilletes que Jean-Marc rompió al ganar la demanda.

Pero el exfutbolista belga también volvió al futbol más desigual: muchos clubes y ligas que vivían de la producción de jugadores de fuerzas básicas perdieron relevancia internacional y se convirtieron en vendedores de talentos (Ajax, Benfica). Sudamérica o África se convirtieron en proveedores masivos de talento a Europa, aprovechando los nexos genealógicos que se tenían con el Viejo Continente, como las naciones africanas que eran excolonias francesas o inglesas, los argentinos con ascendencia italiana o los brasileños con herencia portuguesa. La liberalización del mercado futbolero también trajo consigo una inflación de salarios que dificultan cada día más la subsistencia de los clubes modestos, se redujeron las oportunidades para jugadores de la cantera, intermediarios del futbol se enriquecieron y empoderaron (por ejemplo, los agentes como Jorge Mendes), y la UEFA Champions League es un coto cerrado para una docena de clubes multimillonarios.

Nadie conoce a Jean-Marc. Pero todo mundo reacciona al escuchar “Bosman” o la legislación resultante del fallo del Tribunal de Justicia de la UE, la “Ley Bosman”. Ya sea para agradecer su esfuerzo por desatar las trabas laborales de los futbolistas y volverlos millonarios, o para volverlo chivo expiatorio por los cambios en el negocio del futbol mundial. Bosman es el apellido del hombre con problemas de alcoholismo de esta historia, un revolucionario contra su voluntad que “solo quería algo simple: ser libre”, según le reveló al periodista Alberto Lati en una entrevista que aparece en el libro “Latitudes”. Treinta años después, la batalla jurídica que emprendió lo encadenó para siempre, pero liberó el futbol que hoy conocemos y el próximo año veremos en su máxima expresión, con todos sus claroscuros, en la Copa Mundial de la FIFA que tiene a México como uno de los tres países sede.

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Andrés Gallegos

Periodista y escritor con más de 10 años de experiencia en medios de comunicación (El Informador, NTR), empresas (yotepresto) e instituciones educativas (ITESO). Me gusta contar historias, leer y escribir sobre diversos temas. También soy cuidador.

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