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Groenlandia, regateando al frío y a Donald Trump

La isla más grande del mundo, hoy protagonista de tensiones geopolíticas por la intención de Estados Unidos de apoderarse de sus tierras, tiene una gran pasión por el futbol, pese a no poder disputar partidos oficiales

Cada vez que algún hombre visita su peluquería, a Soren Kreutzmann le piden el corte de pelo “Taper Fade” que lucen futbolistas como Cristiano Ronaldo o Jude Bellingham. Ese estilo deja el pelo más largo en la parte superior y gradualmente más corto en los costados y la nuca. Pero seguramente no le pedirán el look tipo mullet que luce el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, ese corte por el que llegó a gastar 70 mil dólares al año durante su etapa como conductor del reality show «The Apprentice» y que hoy causa dolores de cabeza a los 56 mil habitantes de Groenlandia, entre ellos Soren, ante las tentativas de compra e invasión de un territorio estratégico por sus minerales y por “razones de seguridad”.

Kreutzmann tiene 28 años y en su tiempo libre es futbolista. Vive en Groenlandia, la isla más grande del mundo (2.16 millones de kilómetros), pero el hielo y el frío le impide practicar su deporte con la frecuencia que le gustaría. El 85% del territorio groenlandés está cubierto de una espesa capa de agua sólida y las temperaturas habituales son menores a los 0 grados centígrados, llegando a ser de -35 grados en el invierno. Sin embargo, el entusiasmo por el futbol en Groenlandia es importante, al ser el deporte favorito de la isla, practicado por al menos el 10% de sus habitantes (más de 5 mil 500 jugadores).

Aunque Groenlandia es un territorio vinculado políticamente a Dinamarca, tiene su propio gobierno, identidad y costumbres. En el futbol, esa autonomía los ha llevado a crear su propia federación, vigente desde 1971, y a postularse para ser miembro de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf), con el objetivo de jugar partidos oficiales y jugar los torneos de la federación como la Copa Oro o la Liga de Naciones. Sin embargo, su solicitud fue rechazada en junio de 2025, pese a que la Concacaf es la única de las seis federaciones afiliadas a FIFA que reconoce a territorios no independientes para jugar sus competiciones, como lo ha hecho con los territorios franceses de Martinica o Guadalupe, por poner dos ejemplos.

Pese a que el reconocimiento de Concacaf no les permitiría disputar eliminatorias para la Copa del Mundo, debido a la restricción de FIFA de reconocer solo a países independientes con aval de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Groenlandia recibió con tristeza la noticia de su relegación del futbol competitivo, algo que seguramente seguirá así por varios años más. “Unirnos a Concacaf significaría mucho para nosotros y nuestro futbol, podría traernos experiencias y desarrollar el futbol en todo el país, así como muchas más posibilidades”, declaró Kreutzmann a “The New York Times” en febrero de 2025, antes del rechazo final.

Aunque el panorama geopolítico y las presiones de Donald Trump seguramente influyeron en el fallo de la Concacaf, la práctica del balompié en Groenlandia está limitada por otros factores. Por ejemplo, su liga local es el campeonato más corto del mundo. Se disputa y resuelve en apenas una semana en el verano, en una sola sede que va cambiando cada año. La edición más reciente se jugó en la semana del 29 de julio al 3 de agosto de 2025, en la capital Nuuk. Participaron ocho equipos en dos grupos de cuatro, los dos mejores de cada grupo se clasificaron a semifinales y los ganadores de esos enfrentamientos jugaron la final. El equipo campeón fue el B-67 Nuuk, el equipo más ganador de la historia de Groenlandia, al derrotar al Inuit Timersoqatigiifiat-79 o IT-79 por 2-1. Uno de los dos goles del cuadro ganador fue del peluquero Kreutzmann.

Otro obstáculo son los viajes. Debido a que la mayoría del territorio groenlandés está cubierto de hielo, no hay carreteras y los clubes deben movilizarse por mar o por aire. Además del costo del trayecto y el hospedaje, elevado para organizaciones amateurs, la niebla, los vientos o las tormentas veraniegas pueden impedir que se efectúe el trayecto. También puede haber problemas si los jugadores tienen compromisos laborales y deben darles prioridad sobre el futbol, por lo que sus equipos cancelan su participación en el torneo. Si una persona viaja a Groenlandia para ver un partido, tendrá que gastar al menos mil 200 dólares para viajar de Nueva Jersey a Nuuk, sin contar las escalas previas.

El Estadio Nacional de Nuuk es la principal sede de la selección de Groenlandia, con capacidad para dos mil espectadores. Pero a lo largo del 20% de territorio habitable, hay decenas de campos con césped artificial, generalmente ubicadas en escenarios idílicos, con montañas cubiertas de hielo, glaciares o icebergs de fondo, o con acantilados cuyas rocas y escarpes sirven como asientos para ver el futbol.

Por lo pronto, si un groenlandés aficionado al futbol quiere jugar una Copa del Mundo, tendrá que hacerlo representando a Dinamarca. El ejemplo más claro es el de Jesper Gronkjaer, mediocampista nacido en Nuuk que jugó en grandes clubes europeos como Chelsea o Atlético de Madrid y que con la selección danesa disputó dos mundiales: Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010. Lamentablemente, las restricciones de FIFA han hecho que Groenlandia llegue tarde al sueño mundialista: otro territorio autónomo pero dependiente políticamente de Dinamarca, Islas Feroe, fue reconocido por FIFA en 1988 y juega eliminatorias mundialistas y europeas. 

Soren Kreutzmann y los groenlandeses ahora enfrentan una situación que no desean. En una encuesta de la consultora mundial Verian publicada en febrero de 2025, el 85% de la población no quiere ser anexada a los Estados Unidos y el 45% ve las ambiciones de Trump como “una amenaza”.  Además, los 56 mil groenlandeses luchan contra sus propios problemas sociales: el 35% de la población entre 15 y 34 años tienen problemas de alcoholismo (dato de la OMS) y el país tiene una de las tasas de suicidio más altas del mundo, ya que al año se presentan al menos 80 casos por cada 100 mil personas.

Ante la incertidumbre de que su tierra pase de manos danesas a estadounidenses, o de la maquinaria militar que quiere instalar Estados Unidos para defenderse de China y Rusia en el Ártico, Groenlandia tiene en el futbol una corta pero intensa vía de escape ante las dificultades derivadas de las presiones geopolíticas, añadidas a las climatológicas ya existentes desde que Erik El Rojo puso el primer asentamiento humano en la isla en el año 982. Aunque solo haya futbol en espacios abiertos de junio a agosto, Groenlandia seguirá regateando a Trump, la Concacaf o al hielo entre campos de pasto artificial, gritos en danés o kalaallisut (lengua inuit también conocida como groenlandés) y campeonatos de una sola semana.

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Andrés Gallegos

Periodista y escritor con más de 10 años de experiencia en medios de comunicación (El Informador, NTR), empresas (yotepresto) e instituciones educativas (ITESO). Me gusta contar historias, leer y escribir sobre diversos temas. También soy cuidador.

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