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La renovación del parque rojo o el control violento del espacio público

El gobierno de Guadalajara inhibe las expresiones sociales antes del Mundial

La renovación del Parque de la Revolución o parque rojo muestra cómo el control del espacio público puede representar violencia institucional. Basta recordar cómo las autoridades estatales y municipales reprimieron las protestas de comerciantes que se instalaban cada sábado y cómo la rehabilitación inhibe las manifestaciones sociales. 

Según la alcaldesa Verónica Delgadillo, la renovación priorizó el bien común, el cuidado del espacio público y la convivencia ciudadana. Pero puede verse justificadamente desde otra perspectiva: priorizó el bien económico, la monopolización del espacio público y el aislamiento ciudadano. 

Una de las primeras prácticas que los regímenes totalitarios implementan suele ser la prohibición de reunirse en espacios públicos, indica Jan Gehl, arquitecto, profesor de la Real Academia Danesa de Bellas Artes y analista de espacios públicos. En este caso, no se presenta explícitamente, pero implícitamente, el mensaje para inhibir la convivencia es claro. 

Uso de espacios públicos para el bien económico

Como se expuso en otra publicación de Experto en Todo, el parque rojo tiene una ubicación estratégica para la movilidad con la estación Juárez -que une de la Línea 1 y 2 del Tren Ligero-, además de que se encuentra sobre la vialidad principal que comunica el centro de la ciudad con el Estadio Akron (o Guadalajara), donde se jugarán cuatro partidos de la Copa del Mundo de futbol o Mundial de 2026. 

Es decir, representa un nodo que atraerá de forma directa a los asistentes a los partidos al centro de Guadalajara, uno de los principales destinos turísticos, y que será sede del FIFA Fan Fest.

Si bien el beneficio económico y privado es lo que más interesa al Ayuntamiento y al Gobierno del Estado, o eso demuestran en sus acciones, entonces, el comercio local, el ambulante y las pequeñas y microempresas que sostienen a habitantes y familias tapatías son un estorbo. 

Desde la administración municipal de Enrique Alfaro, cuando se realizaron operativos nunca vistos en el centro de Guadalajara contra el comercio ambulante, la línea de los gobiernos de Movimiento Ciudadano (MC) fue clara: prohibición en lugar de regulación organizada, y de esta manera favorecer a los grandes capitales que tienen acceso a la renta o compra de locales en una zona encarecida por la gentrificación. 

A pesar de esto, se siguen presentando irregularidades, corrupción y desorganización en tianguis de la metrópoli, promovidos por obra u omisión de los propios ayuntamientos o de regidores. Se podría anticipar que espacios como el parque rojo serán ocupados por comerciantes ambulantes o locales eventuales protegidos legal e ilegalmente, según se acuerde con funcionarios. 

De esta manera, las cúpulas empresariales íntimamente ligadas con autoridades de gobierno reciben ingresos por la adjudicación de contratos de obra pública, por la derrama económica comercial que monopolizan y por la oportunidad de inflar ingresos mediante corruptelas.

Rehabilitación del espacio público a conveniencia

En balance, es encomiable la rehabilitación de las áreas verdes del parque, aunque como se ha demostrado desde hace varios trienios, la inversión en la renovación del espacio público va acompañado de proyectos inmobiliarios en los alrededores o introducción de comercios a gran escala, y no a la apropiación social. Ejemplos como el andador de Avenida Chapultepec, el Paseo Alcalde o el Parque Ávila Camacho lo demuestran.

En contraparte, existe abandono en parques que no representan motivación económica para el gobierno municipal, como el San Jacinto o el de la Ex Penal de Oblatos.

Esto significa que mientras un espacio público no represente un foco de negocio, jamás será rehabilitado, o así ha sido la tendencia de los gobiernos de MC. 

Hasta la confirmación de que el Mundial de Futbol 2026 se llevaría a cabo en Guadalajara y que sería sede de partidos oficiales, aparecieron recursos para hacer la renovación del Parque de la Revolución y otros espacios como la cruz de plazas, que, literalmente, ya se cedieron a la FIFA y las empresas transnacionales que conforman el comité organizador. 

Sin embargo, el enfoque gubernamental aprecia que el uso de espacio público meramente social es infértil y desaprovechado, ya que no promueve el consumo y la producción de ganancias para sus intereses.

Obras para inhibir la toma del espacio público

El beneficio que recibirán pocos por las obras en el parque rojo va en detrimento proporcional del acceso a espacios de expresión, como muros o estructuras que se usaban para iconoclasia o protestas de familias de personas desaparecidas, lo cual refleja la violencia institucional de las autoridades.

La violencia se presenta cuando se afectan necesidades humanas básicas, dos de ellas perjudicadas con la rehabilitación: la de identidad o sentido de pertenencia, cultura y representación, y la de libertad de tomar el espacio público. 

Históricamente, las expresiones socialmente espontáneas son reprimidas por el gobierno en turno porque son una afrenta a sus intereses. La instalación de comerciantes en el parque rojo y su uso como punto de reunión para protestas sociales fueron irrelevantes para las autoridades durante años, sin embargo, esto lo condenó al deterioro. Hasta que se encontró un fin y beneficio económico se monopolizó este espacio nuevamente. 

Eventualmente, las secuelas sociales de la falta de espacios públicos son muy costosas. El arquitecto Jan Gehl explica que la circulación y ocupación de personas en espacios públicos aumenta la seguridad, debido a que hay más observadores en los edificios circundantes que, a su vez, están interesados por los movimientos que suceden en la calle. 

Este aspecto claramente se busca desincentivar con este tipo de obras: un espacio con constante visibilidad expone las ilegalidades que se cometen en él y las omisiones de las autoridades, por consiguiente, incrementa la exigencia de acciones que las combatan, una incomodidad para las autoridades.

El futuro de los espacios públicos en la ciudad es desalentador, pero la única forma de revertir la tendencia es mediante la apropiación y la memoria. Hay que recordar que estos espacios pertenecen a las familias tapatías, y no a las cúpulas político-empresariales. 

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Saúl Justino Prieto Mendoza

Me especializo en el mundo del UX Design y medios de comunicación digitales. Me encanta innovar y reinventar las formas de transmisión y de conexión con usuarios y la audiencia. Soy doctorante en Gestión de Paz y Prevención de Violencias por la Universidad de Guadalajara, lo cual me ha pemitido observar el fondo de problemas sociales vigentes.

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