La pesadilla del “Piojo” Herrera y otros países que estarán en el Mundial 2026
Un país bajo el yugo de las pandillas, una antigua colonia neerlandesa de esclavos, y dos países europeos que reverdecen laureles apoyados por la nostalgia de goles “orgásmicos” y sistemas de juego modernos: conoce las historias de cuatro naciones clasificadas al Mundial 2026 que se celebrará en México, EU y Canadá
I
Haití, el primer país independiente de América Latina, es rehén de las pandillas y la pobreza. Más de 200 bandas criminales gobiernan el país; estuvieron detrás del asesinato del presidente Jovenel Moise en julio de 2021 y tres años después obligaron a renunciar a su sucesor, Ariel Henry, quien había viajado a Kenia para pedir ayuda militar ante el agravamiento de la inseguridad en el país por la fuga de casi cinco mil reos de las dos principales cárceles haitianas. Henry no pudo volver a la capital, Puerto Príncipe, cuyo aeropuerto fue ocupado por las pandillas.
La crisis humanitaria de la nación ha dejado más de un millón de desplazados, entre ellos la selección nacional de futbol. Desde hace casi dos años, Haití juega sus partidos como local en Curazao, a más de 900 kilómetros de distancia. Pero el exilio no les impidió formar un equipo sólido que eliminó a las favoritas Costa Rica (dirigida por el entrenador mexicano Miguel “El Piojo” Herrera) y Honduras, y brindó una gran alegría a su gente para clasificarse para la segunda Copa del Mundo de su historia. La primera vez fue en Alemania 1974, tras organizar las eliminatorias en Puerto Príncipe y dejar fuera a un gris México, que encontró en el vudú, la brujería y la magia negra las justificaciones de su fracaso.
II
En su lucha por abrirse camino en el tráfico de esclavos en América, la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales (la misma que fundó la actual Nueva York) arrebató a los españoles una pequeña isla caribeña ubicada a 160 kilómetros de lo que hoy es Venezuela y la colonizó en 1634 para convertirla en un centro de operaciones para comerciar personas: Curazao. La prosperidad económica y comercial de la Edad de Oro de Países Bajos (1588-1672) se cimentó con la esclavitud; más de medio millón de presos asiáticos y africanos desembarcaron en Curazao para “descansar” y posteriormente trabajar en los campos de la isla y/o ser vendidos a otros países.
Pero la herencia neerlandesa también ayudó a Curazao, país con apenas 16 años de existencia independiente, a clasificar a su primer Mundial de futbol. Con un proyecto respaldado por entrenadores como Patrick Kluivert (ilustre exdelantero cuya madre es de la isla) y Guus Hiddink, la isla se convirtió en el país más pequeño en jugar la máxima competición de selecciones, con apenas 155 mil habitantes. También es la primera nación en la que ninguno de sus futbolistas nació en territorio caribeño, ya que todos proceden de Países Bajos; quizá algunos de ellos decidieron jugar para Curazao al no verse con oportunidades de hacerlo para la “Oranje”.
Las antiguas posesiones neerlandesas en el Caribe están ganando relevancia en el futbol y conquistan logros sin la dependencia de la antigua metrópoli. Está por verse si Surinam, tierra donde nacieron grandes glorias del futbol neerlandés, como Clarence Seedorf o Edgar Davids, se mete al Mundial 2026 vía el repechaje intercontinental.
III
En la película “Trainspotting” (1996), el protagonista Mark Renton tiene relaciones sexuales con Diane Coulston y compara el momento con el gol del mediocampista Archie Gemmill a Países Bajos en el mundial de Argentina 1978. Esa anotación, donde Gemmill regateó a media Naranja Mecánica, incluyendo al arquero, para marcar, ayudó a Escocia a ganar 3-2, pero no le impidió quedarse fuera de la Fase de Grupos, como le ha pasado a esta nación sufridora de leales fanáticos en los ocho mundiales que han jugado hasta hoy, incluyendo los dos jugados en México y el último de ellos en Francia 1998.
Casi 28 años después, los escoceses regresan a la Copa del Mundo para sentir el orgasmo que sus padres o abuelos sintieron en aquel juego. Algo parecido acaban de vivir con el espectacular gol de chilena de Scott McTominay que abrió el marcador en el decisivo partido contra Dinamarca (4-2), pero el Mundial es el escenario donde se registran las emociones futboleras más imborrables, que se adhieren al cuerpo para revivirlas como experiencias extáticas y se sienten como el transcurrir de una vida, incluso aunque se reniegue de la causa que las hizo posibles. Quizá algo así le pasó al escritor Irvine Welsh, autor de la novela que inspiró el filme de Danny Boyle, y un fan empedernido del Hibernian, uno de los dos clubes históricos de la ciudad escocesa de Edimburgo.
“El fútbol en sí mismo es horrible. Representa todo lo que es feo en el mundo. Es el tipo de negocio más explotador, feo y neoliberal que existe, pero la cultura que existe en torno a él es algo maravilloso”, declaró hace tiempo para la revista Líbero y la periodista Patricia Peiró.
IV
Pionero del juego moderno de pases cortos, presión tras pérdida y posesión del balón, el entrenador Hugo Meisl comandó al “Wunderteam” austriaco que maravilló al futbol en la década de 1930. Se quedaron a las puertas de la Copa del Mundo en 1934 (semifinales vs Italia), pero cuatro años después no pudieron volver por la anexión de Austria dentro de la Alemania nazi, acontecimiento histórico conocido como “Anschluss”. La figura de ese equipo, Matthias Sindelar, se negó a representar a su “nuevo” país, que lo despreciaba por su origen judío, y murió en enero de 1939 en su cuarto, junto a su esposa, por intoxicación a causa de una chimenea defectuosa (otros hablan de un asesinato por la Gestapo germana).
Otro estratega de ideas innovadoras, el alemán Ralf Rangnick, clasificó a Austria a la Copa del Mundo tras 28 años de ausencia. Considerado el maestro de grandes entrenadores como Jürgen Klopp, Hansi Flick (Barcelona) o Thomas Tuchel (seleccionador de Inglaterra), Rangnick adora presionar a los rivales en su propia área para recuperar más pronto el balón y atacar con pases verticales ejecutados por atacantes jóvenes y veloces. Su visión del juego llevó al éxito al RB Leipzig o al Hoffenheim, pero se estrelló en el Manchester United inglés. Rangnick necesitaba un contexto con menos presión mediática para sembrar sus ideas, y encontró en Austria un nuevo lugar para cosecharlas.
LEER COLUMNA ANTERIOR: La huella de Marcelo Bielsa en México



