“Son cosas que pasan”
En esta columna repasamos los intereses dentro y fuera del futbol que ligan a Donald Trump, el reino de Arabia Saudita y Cristiano Ronaldo, tras la reunión que sostuvieron la semana pasada
Podemos quedarnos con la actividad: el pasado 19 de noviembre, Cristiano Ronaldo cenó en la Casa Blanca con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Bin Salmán; y otras personalidades como Elon Musk, dueño de Tesla; o Gianni Infantino, presidente de la FIFA y cercano tanto al mandatario estadounidense como al príncipe. Por supuesto, la cercanía del Mundial 2026 realzó este evento.
¿Cómo se llegó a esta reunión de altas personalidades de la política y el deporte? Trataremos de contar el contexto y, con ello, entender parte de la actualidad del futbol mundial.
I
El periodista Jamal Khashoggi acudió al consulado de Arabia Saudita en Estambul, Turquía, para obtener un certificado de elegibilidad que le permitiría casarse con su novia, la turca Hatice Cengiz. Era el 2 de octubre de 2018. Fue el último día que lo vieron con vida.
Las investigaciones de fuentes como la Organización de las Naciones Unidas, el Gobierno de Turquía o la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) concluyeron que Khashoggi fue secuestrado, asesinado por estrangulamiento y su cuerpo fue desmembrado por un escuadrón de la muerte relacionado con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Bin Salmán.
Khashoggi trabajaba en medios como The Washington Post y era conocido por su labor crítica contra la familia real del país asiático, que lo obligó a dejar de publicar en redes sociales y a comunicarse con periodistas extranjeros en 2016, así como abandonar Arabia Saudita. Organismos como Amnistía Internacional o Reporteros Sin Fronteras enfatizaron este hecho como una muestra de la violación de los derechos humanos por parte de los líderes saudíes.
II
El sportswashing o blanqueamiento deportivo puede definirse como la práctica de algunos países de invertir en eventos o clubes con la finalidad política de generar una mejor imagen o reputación hacia el mundo y con ello, esconder posibles violaciones a derechos humanos, actos de corrupción, abusos de poder u otros temas álgidos.
Arabia Saudita ya había tenido sus primeros coqueteos con el sportswashing. La Copa Rey Fahd, creada por el entonces rey saudí Fahd bin Abdulaziz en 1992 y que dio paso a la hoy extinta Copa Confederaciones, que ganó México en 1999, fue un primer paso. Sin embargo, las ambiciones saudíes se aceleraron a partir de 2015, cuando Mohamed Bin Salmán fue elegido por su padre como heredero al trono y comenzó a aplicar los principios de su “Visión 2030«, que busca diversificar la economía saudí para no depender del petróleo.
Para lograrlo, Bin Salmán y Arabia Saudita utilizan el Public Investment Fund (PIF), un fondo creado en 1971 y que hoy cuenta con más de 900 mil millones de dólares. La industria del deporte es uno de sus principales blancos; patrocinios de Fórmula 1, peleas de box, eventos de la World Wrestling Entertainment (WWE), la LIV Golf (un circuito profesional paralelo a la PGA) y la reciente compra de Electronic Arts, creadora de varios juegos de deportes electrónicos como la popular saga de FIFA (hoy EA Sports FC) por más de 55 mil millones de dólares.
El futbol es uno de los bienes más apreciados por el fondo saudí. El 7 de octubre de 2021 compró el 80% del Newcastle, club de la Premier League inglesa, por más de 300 millones de dólares. En 2023, el organismo compró a los cuatro equipos más poderosos de la liga de clubes de Arabia Saudita; Al-Hilal, Al-Nassr, Al-Ittihad y Al-Ahli, y se gastaron más de 900 millones de dólares, solo ese año, en cracks internacionales como Karim Benzema o Neymar. En diciembre de 2024, la FIFA anunció que Arabia organizará la Copa del Mundo de 2034.
Sin embargo, la joya más preciada fue el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Al-Nassr. El astro portugués ganador de cinco Balones de Oro recibirá un sueldo aproximado de 230 millones de dólares anuales libres de impuestos hasta 2027. Y aunque no venga explícito en el contrato con Al-Nassr, ese dinero implica el apoyo del futbolista lusitano como embajador del Mundial de 2034.
«Quiero formar parte de los esfuerzos de Arabia Saudita para organizar la Copa Mundial», declaró hace pocos días. «Creo en la visión turística del Reino«.
III
Hace siete años, Bin Salmán era un apestado político de Estados Unidos por la muerte de Khassoggi. Sin embargo, los intereses económicos han predominado sobre la supuesta defensa de la libertad de prensa y los derechos humanos que se enarbolan en los discursos políticos de Washington.
La razón primordial para hacer borrón y cuenta nueva es simple: el dinero. Bin Salman le ha prometido a Trump un millón de millones de dólares en inversiones en Estados Unidos, monto mayor al dinero de todo el PIF. También le aumentará compras en armamento: Arabia fue el principal cliente en este rubro en el periodo 2020-2024, con el 12% de todo el mercado exportador estadounidense, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz.
El actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su familia, han hecho buenos negocios con los saudíes. Affinity Partners, un fondo de inversión dirigido por Jared Kushner, yerno de Trump, ha recibido más de dos mil millones de dólares del PIF. También se construye una nueva Torre Trump en la ciudad saudí de Yeda.
No sorprende que el giro autoritario del segundo periodo presidencial de Trump, con cada vez más restricciones a medios de comunicación y periodistas, sea afín a las reducidas libertades de su aliado en Medio Oriente. En la reunión de la semana pasada, el magnate justificó el caso Khashoggi ante la prensa y alabó el trabajo en defensa de los derechos humanos de Bin Salman, a pesar de las críticas de organismos como Amnistía Internacional. «A mucha gente no le caía bien ese caballero del que usted habla (Khashoggi). Cayera bien o no, hay cosas que pasan«, dijo.
De allí que, en la reunión del 19 de noviembre, no solo quedó claro la admiración de Barron, hijo de Donald Trump, por la figura de Cristiano Ronaldo; o la alabanza del lusitano por el mandatario estadounidense, a quien considera “una persona que puede ayudar a cambiar el mundo”. También entran en juego los intereses económicos y políticos, con el Mundial de Futbol como herramienta política fundamental para mejorar la imagen de países y generar adhesiones más allá del deporte.
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