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La cancelación de Dani Flow

¿Qué tan delgada es la línea entre libertad de expresión y juicio moral de un artista? Saúl Justino Prieto Mendoza hace un análisis al respecto

El crecimiento de la popularidad de Dani Flow fue proporcional a la intensidad con se ha exigido su cancelación después de que expuso en una entrevista varias posturas, por lo menos, cuestionables:

1) Una rima que hace referencia a la pederastia: “A mi hija, jamás la tocaría, pero a sus compañeritas de la secundaria tal vez sí”.

2) Una declaración en referencia a las mujeres que protestan por sus derechos en las calles: “esas ni rucas se deberían de llamar”.

3) Apoyó a un youtuber encarcelado por agresión sexual y quien se declaró culpable, y además cuestionó la veracidad de los dichos de la víctima.

Con pocos segundos de entrevista, Dani Flow provocó reacciones que han cobrado una relevancia exacerbada, a tal punto que pueden ser capaces decancelar” o terminar con su carrera, como ya ha pasado en otros casos.

Sin embargo, muchas de ellas se basan en juicios o criterios morales que deberían entenderse como subjetivas o personales que tratan de imponer una mentalidad conservadora. Y en contraparte, también está justificada la exigencia de respeto hacia movimientos sociales o grupos en situación de vulnerabilidad, ¿es posible encontrar un punto medio?

En sus comienzos de su carrera Dani Flow participó en batallas de free style, donde se caracterizó más por su carisma o comicidad, ya que sus rimas carecían de lírica o complejidad comparado con los representantes más prestigiados.

Para sorpresa de nadie, empezó a dedicarse a hacer canciones de reggaetón que destacan por letras sexualmente explícitas, incluso más que las canciones populares de artistas referentes como Bad Bunny, lo cual le hizo ganar millones de reproducciones y gran popularidad.

¿Esto hace a Dani Flow un artista cancelable? Considero que no, en el mundo de la música y en el arte uno de los valores trascendentales es la libertad creativa. Si Dani Flow tiene millones de personas que lo siguen es porque satisface una necesidad musical que nadie había cubierto.

Mientras, las redes sociales han dado exposición a posicionamientos políticos, sociales y morales; cada uno más intolerante que el otro. Y existen grupos que tratan de imponer esas posturas.

Un ejemplo es el conflicto bélico entre Israel y Palestina que ha provocado una desaprobación generalizada pero, en algunos casos, tomar partido ha tenido una gran repercusión para los artistas, sobre todo por el trasfondo político y religioso.

Otro caso sucedió durante un concierto de la banda inglesa Sleaford Mods, en Madrid, donde parte del público le lanzó al vocalista Jason Williamson una bufanda con los colores de la bandera palestina, hasta que el músico decidió cancelar el concierto y se negó a expresarse sobre el tema. La banda no tiene integrantes de estos países ni canciones al respecto, pero en redes sociales se consideró una afrenta contra los palestinos y un apoyo a Israel, pero fue todo lo contrario.

La banda aclaró que estaba horrorizada por la violencia en la zona e indignada por “la manipulación del dolor y la rabia humana por parte de políticos, medios de comunicación, agitadores y plataformas de redes sociales para avivar el fuego de la separación, la deshumanización, la división y el odio».

En los últimos años se ha atribuido a los artistas una obligación por mostrar su opinión acerca de temas sociales, políticos y hasta religiosos, como si de eso dependiera la legitimidad o calidad de su arte. En la próxima entrega de “Experto en todo” abordaré la cuestión de separar al artista de la obra.

Regresando a Dani Flow, una artista como él tiene derecho a tener las creencias u opiniones que le parezcan adecuadas, pero su expresión requiere de una base que promueva la tolerancia, no lo contrario.

¿Las declaraciones sobre pederastia y cuestionamiento sobre protestas feministas hace a Dani Flow un artista cancelable? Depende, su música como tal no, aunque su opinión sí, y la cuestión puede abordarse a detalle partiendo de una de las tendencias culturales que más ha permeado los últimos lustros: woke.

La palabra en español significa “desperté”, un artículo de la BBC Mundo explica de manera extensa la resignificación cultural que ha tenido en términos políticos, sociales y culturales. Su uso se remonta a los años 60 cuando se le relacionó a la lucha por la justicia racial en Estados Unidos. Actualmente su significado se extendió a estar consciente de temas sociales y políticos. Y al mismo tiempo, la palabra sirve para desaprobar los pensamientos de los demás cuando se molestan con demasiada facilidad.

Es decir, la exigencia por cancelar a Dani Flow puede estar basada en una intención de provocar el “despertar” de las personas que lo siguen para que dejen de escucharlo, y también de parte de sus seguidores para que los demás “despierten” y eviten imponer un pensamiento woke. El punto en común para ambos casos es la intolerancia y la ignorancia.

Al artículo de la BBC destaca que el fenómeno de la cancelación busca empoderar a grupos históricamente marginalizados de la sociedad y corregir comportamientos que hasta ahora eran parte del estado de las cosas y persistían sin castigo ni cambios; mientras que para los críticos la cancelación es la corrección política llevada al extremo, que atenta contra la libertad de expresión.

Dani Flow defiende sus “barras” de pederastia desde la libertad de expresión, pero la crítica se basa en corregir comportamientos normalizados que atentan contra la integridad de otras personas. Además, Dani Flow mostró su desaprobación hacia una víctima de abuso sexual y apoyó al agresor desde un juicio moral suyo, justificando que el abusador no había hecho nada malo, para mantener el estado de las cosas que atenta contra grupos en situación de vulnerabilidad.

Bandas como Café Tacvba decidieron dejar de cantar “Ingrata” desde una perspectiva woke: «Éramos bien jóvenes cuando se compuso y no estábamos sensibilizados con esa problemática como ahora todos sí lo estamos», dijo el vocalista Rubén Albarrán al respecto. En contraparte, Molotov jamás ha dejado de tocar “Puto”, una palabra que claramente atenta contra un grupo históricamente marginado.

Esto muestra cómo la línea entre la libertad de expresión de los artistas y las consecuencias sociales y políticas que tiene su arte se ha vuelto muy delgada, para comprenderlas se requiere información y tolerancia. Los artistas no están libres del escrutinio público y deben asumir las consecuencias de ello, más cuando nadie les pidió opinar sobre el tema.

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